La vida nunca volvio a ser igual


Oliverio Girondo.
Noviembre 2009, 23, 11:56 pm
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No hablare de lo que ya se ha dicho y para lo que ya se ha usado valioso espacio en otra parte, prefiero regalarles una visita a ellos para que sepas del sitio y ahi puedas buscar mas para saciar tu curiosidad o engendrar nuevas preguntas….

QUIEN ERA OLIVERIO GIRONDO? respuesta: click aca

y aqui unas cuantas partes que encontre desperdigadas y son necesarias de lectura, con este inicio… podemos seguir investigando.

1.

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo me pregunto– todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia… de un de una falta de tacto…Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de con temporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquella desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, esta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abuse de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junta con las gallinas.Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto mas insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y es per a r que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.

Fuente: metro de la Mare

2.

No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos

como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de

papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que

amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el

primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! – y en

esto soy irreductible – no les perdono, bajo ningún pretexto, que no

sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan

seducirme!

Está fue – y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente,

de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos

sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y

sus miradas de pronostico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del

comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún

paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un

puntito rosado. “¡ María Luisa! ¡María Luisa!… y a los pocos

segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme,

volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos

aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en

una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja

muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver,

de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los

días entre las nubes…la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna

clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una

diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que

tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una

mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me

es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más

que volando.

Oliverio Girondo.



2.
Enero 2008, 10, 12:24 am
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Es que si en realidad, las cosas fueran como deberian ser yo no tendria por que estar aqui y tu mucho menos haber sufrido a costas mias.

la vida no siempre nos pone donde debe y nosotros no siempre vamos donde debemos, siempre nos desviamos, tomamos rutas alternas o nos perdemos en el camino.

Harto me encuentro ya, de caminar solo, pero fue mi decision, preferi hacerte sufrir antes que en este momento; entre mas alto volabamos mas alto ibamos a caer… asi que espero algun dia lo entiendas.